black3heart

Los latidos de mi negro corazón

Mi papá nunca me dijo "te amo"

Quiero darte la bienvenida a lo que sin duda son los latidos más profundos y sinceros de mi negro corazón.

Estos han estado en mi desde hace unos 4 años y ante la tentación de leérselos a mi padre cuando estuvo en vida, preferí dejarlos para este momento para que no sonara a una triste despedida: Mi papá nunca me dijo “te amo”.

Y sí, es verdad, mi amado padre, nunca me dijo te amo. ¿Pero saben? cuando nací de 8 meses movió cielo y tierra en ese pequeño cuarto de la Calle 20 con Carrera Novena en el Barrio Las Villas para que yo tuviera todo lo necesario para nacer. Fue demasiado creativo pensando, diseñando y creando mi cuna y ayudando en la atención del parto, virtudes que aprendió en las profundidades del campo araucano. Casi casi fue la primera persona que me tomó en sus brazos.

Mi papá nunca me dijo te amo, pero en medio de la situación económica más complicada, compró una bicicleta y me enseñó a montarla. Aún recuerdo los costalazos que me di tratando de girar a la derecha.

Mi papá nunca me dijo te amo, pero nunca pudo comerse lo que le brindaban en la calle.

¿Dulces? Directo a su bolsillo. ¿Que un almuercito en el colegio? Por favor regáleme un platico para tapar y llevar.

El más mínimo mecato y el más delicioso platillo terminaba en nuestra casa repartido en partes iguales, aunque él solía no incluirse.

Mi papá nunca me dijo te amo pero cuando mi mamá intentaba racionar las provisiones, él decía “Mija déjelo que coma” …. mis amigos, aunque yo era muy delgado, comía como un sabañón.
Él siempre resolvía y como podía, traía más provisión.

Mi papá nunca me dijo te amo pero remendó miles de veces sus camisas, pantalones y zapatos para que nosotros sagradamente pudiéramos estrenar las dos muditas de ropa en diciembre.

Ir a la iglesia sin estrenar el 24 y el 31 no era una opción.

Mi papá siempre vio que sus zapatos aguantaban un remiendo más para ahorrar y darme a mi todo.

Mi papá nunca me dijo te amo, pero se rehusó a hacerme las tareas.

No sé por qué mis compañeros pensaban que porque era profesor me hacía las tareas. ¡Jamás! Al contrario me apoyó y me enseñó a ser responsable y que yo podía con todos los retos que se me presentaban.

Mi papá nunca me dijo te amo, es verdad amados amigos, pero me defendió todas las veces que se lo pedí del profesor de matemáticas.

Es que ese cucho nos llevaba en la mala.

Ya sin resentimientos querido profesor de matemáticas.

Mi papá nunca me dijo te amo, ¿pero saben qué sí me dijo? ¡¡BÁ ÑE SE!! Ya huele… y me miraba con esa seriedad de “le estoy hablando en serio, ¡vaya ya!”.

Mi papá nunca me dijo te amo, pero esta fue la frase que más repetía siempre ¡AHORRE MIJO! ¡AHORRE!

Mi papá nunca me dijo te amo, pero salió corriendo hacia mi cuando parecía que estaba muerto en una ambulancia por Covid.

En su rostro veía esa desesperación hasta que gritando le dije que estaba bien, que estaba fuera de peligro y solo me estaban trasladando a un lugar mejor.

Mi papá nunca me dijo te amo, pero hizo guardia todas las noches de hospitalización sentado en una silla dura y fría, cambiando el desagradable contenido que dejaba en mi baño portátil y casi que literalmente obligándome a comer por mi bien.

Mi papá nunca me dijo te amo, pero en una de esas noches de recuperación del Covid le dije que me dolía y me dijo contundentemente “¡MADURE!” Y al instante el dolor se me desapareció.

Fue la sanidad más rápida que he recibido.

Mi papá nunca me dijo te amo, pero renunció a todos su sueños, a todos a sus anhelos para impulsarme a realizar los mios.

Podría decir infinitos motivos, experiencias y razones en las que mi amado padre en vez de decirme te amo, me amó.

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